Una mirada al canto coral en Chile desde sus orígenes hasta la actualidad y sus desafíos futuros
- Emilio Espinoza
- 16 ago
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Actualizado: hace 3 horas

Al igual que en el resto de América latina, con los conquistadores llegó al Reino de Chile la música coral que se cultivaba en Europa durante el siglo XVI. En particular, se trataba de música ligada a ceremonias litúrgicas de la Iglesia, la cual se concentró principalmente en las Catedrales de Santiago, Concepción y Valdivia.
Así, en el siglo XIX y sobre todo en su primera mitad -posterior al proceso de independencia-, se puede mencionar que la creación vocal estuvo mayormente enfocada en himnos patriotas, lo cual puede ser explicado por los distintos conflictos bélicos que ocurrieron en el país. Algunas excepciones aisladas ocurren en Valparaíso y Valdivia, donde músicos colonos provenientes de Alemania comienzan a escribir algunas piezas vocales relacionadas a la naturaleza o rememorando sus orígenes. En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolla un gran interés por el canto lírico en la capital, esto debido a los montajes de ópera en el recién inaugurado Teatro Municipal de Santiago. Además, florecen creaciones de entusiastas compositores de la alta sociedad tanto de carácter sacro como profano.

Entrando en la primera mitad del siglo XX se establece un primer núcleo de creación de movimiento musical con identidad nacional, donde destacan figuras como Pedro Humberto Allende, Alfonso Leng, Acario Cotapos, entre otros, donde se generan una gran variedad de obras corales que hacen referencia al campo chileno, reminiscencias del pasado español y algunos textos de poetas de la época. Asimismo, la creación de la Sociedad Bach fue pionera en interpretar las primeras obras del renacimiento de compositores tales como Tomás Luis de Victoria y Palestrina, donde destacó la figura de Domingo Santa Cruz. Asimismo, se estrenan las primeras obras sinfónico corales tales como El Mesías de Haendel, La Creación de Haydn y El Oratorio de Navidad de Bach.
Con la creación de diversas universidades, tales como la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado en Santiago y la Universidad Austral de Valdivia entre otras, nacen diversos conjuntos corales bajo el alero de éstas. Gran impacto tuvo la gestión de los pioneros Mario Baeza y Waldo Aránguiz como el nacimiento del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile y muchos otros, y lo mismo se puede replicar con Jorge Peña Hen en La Serena y Arturo Medina en Concepción. Este movimiento propició que, en la década de los sesenta, Chile fuese uno de los países con mayor desarrollo coral en la región.
Lo anterior fue interrumpido abruptamente durante el régimen militar entre los años 1973 y 1990. Ya de regreso en democracia, se vuelve a fortalecer el movimiento coral con figuras tales como Guido Minoletti, Victor Alarcón, Mauricio Cortés, Alejandro Reyes y Juan Pablo Villarroel en Santiago; Hugo Muñoz, Mirta Bustamante y Jorge Sharp en el sur; Eduardo Gajardo y Guillermo Cárdenas en el norte, entre otros. Se interpretan muchas versiones corales de obras de músicos de la nueva canción chilena que fueron silenciadas durante el régimen militar, tales como Victor Jara, Violeta Parra, Pedro Alarcón, Patricio Mans, entre otros. Mención especial merece el libro “Antología Coral Chilena” que contiene una gran variedad de arreglos de William Child.
Ya en pleno siglo XXI se observa un crecimiento sostenido de la actividad coral, propiciado por el surgimiento de programas de formación, proliferación de conjuntos corales tanto vocacionales como institucionales, y la participación de coros chilenos en concursos y festivales a nivel internacional.
De ese modo, se comienzan a dictar los primeros programas de formación especializada en dirección coral y cursos de repertorio y dirección con maestros extranjeros, propiciados principalmente por la Universidad Católica y la Universidad de Chile. De ese modo, hoy en día Chile cuenta con programas de formación en dirección coral, a nivel de pregrado y posgrado, en la Universidad Católica de Chile, Universidad de Chile y Universidad Alberto Hurtado.
Por otro lado, se visualiza un emergente desarrollo de elencos independientes con una camada de jóvenes directores. En regiones distintas a la metropolitana destacan el Coro de Cámara de Copiapó dirigido por Rodrigo Tapia Salfate; Coro Madrigalistas de Playa Ancha dirigido por Alberto Teichelman en Valparaíso; Coro Polifónico de la Corporación Sinfónica de Concepción dirigido por Felipe Flores; Coro Sortilegio Vocal Ensamble de Valparaíso dirigido por Andy Williams; entre otros.
Mientras tanto en la capital se pueden mencionar el Coro Magnificat dirigido por Marcela Canales; Ensamble Quodlibet dirigido por Emilio Espinoza; Coro Cenit dirigido por Marco Marchant; Ensamble Vocal Taktus dirigido por Javiera Lara; entre otros.
En relación a conjuntos profesionales (conformados por cantantes profesionales remunerados) se destacan la Camerata Vocal de la Universidad de Chile dirigido por Juan Pablo Villarroel; Coro Madrigalistas de la USACh dirigido por Rodrigo Diaz; Coro del Teatro Municipal de Santiago dirigido por Jorge Klastornick.
Por su lado, se observa un nutrido panorama coral universitario, donde prácticamente todas las casas de estudio poseen uno o más coros bajo su alero. Destaca especialmente la Universidad Católica con su programa optativo de coros para estudiantes de pregrado, donde cada año cerca de 500 nuevos jóvenes se interesan por esta actividad, contribuyendo así a la formación de audiencia especializada y ser un semillero coral. Asimismo, desde 2023 organiza el Encuentro “Víctor le canta a la UC”, el primer concurso de coros adultos organizado en Chile, con participación internacional de coros provenientes de Argentina, Brasil y Uruguay.
A nivel universitario destacan Felipe Ramos (Universidad Católica); Juan Pablo Villarroel (Universidad de Chile); Andrés Bahamondes (Universidad de Santiago); Valeska Cabrera (Universidad de La Serena); Eduardo Gajardo Schmidlin (Universidad Católica de Temuco); Rodrigo Díaz (Universidad de Concepción); Paula Elgueta (Universidad de Talca).
Del mismo modo, gran relevancia han ido adquiriendo la proliferación de coros ciudadanos y comunales, como por ejemplo Voces de Vitacura; Coro Polifónico de Rancagua; Coro Polifónico de Osorno; Coro de Cámara de Copiapó; Coro de Cámara de Antofagasta; Coro de Cámara de Viña del Mar; entre otros.
Por otro lado, existen asociaciones de carácter nacional con décadas de trayectoria organizando actividades de formación y encuentros corales: Asociación Latinoamericana de Canto Coral (ALACC) presidida por Ricardo Curihuinca; Federación Nacional de Coros de Chile (FEDECOR) presidida por Mauricio Manríquez; Sociedad Coral de Profesores de Chile (SOCOPROCH) presidida por Cecilia Moreira; entre otros. Asimismo, los directores corales se encuentran representados en la Asociación de directoras y directores corales de Chile (ADICORAL).
Finalmente, y en relación a compositores chilenos destacados de música vocal, del siglo XIX se pueden nombrar a: Isidora Zegers, Guillermo Frick, José Zapiola y Federico Guzmán Frías. Entrando en el siglo XX se puede destacar a: Pedro Humberto Allende, Juan Amenábar, Gustavo Becerra, Roberto Falabella, Federico Heinlein, Alfonso Letelier, Juan Orrego Salas, Domingo Santa Cruz, Ernesto Guarda y Sylvia Soublette. Asimismo, se destacan como arregladores de canciones folclóricas y de la nueva canción chilena a Waldo Aránguiz, Alejandro Pino, Mario Baeza, Eduardo Gajardo y William Child. En el siglo XXI se puede destacar a Carlos Zamora, Nicolas Aguad y Florencia Novoa. Algunas obras interpretadas a menudo en la actualidad son versiones corales de William Child de “Luchin”, “El Aparecido”, “Manifiesto” y “Te recuerdo Amanda” (de esta también en versión de Eduardo Gajardo) de Victor Jara; “La Jardinera” y “Volver a los 18” de Violeta Parra. De Ernesto Guarda se destaca “Romance de Nochebuena”. De Pedro Humberto Allende “Se bueno”. Por su lado, de Sylvia Soublette se puede hacer mención a su “Misa Romana” y su composición sobre “Tres Canciones sobre Sonetos de Pablo Neruda”, esta última en un estilo madrigalesco. Por último, es importante hacer mención del Auto Sacramental de Navidad, con textos de Fidel Sepúlveda y música de Gastón Soublette, que recoge melodías tradicionales del campo chileno que guardan relación con la celebración de la Navidad.
Es necesario señalar que lo escrito anteriormente pretende propiciar una mirada global general al movimiento coral chileno, donde existen muchas otras instancias en que ciudadanos y ciudadanas se encuentran contribuyendo de una u otra forma al canto coral a lo largo del país. Así, y con el objeto de cuantificar la actividad coral, en la actualidad se encuentran en proceso dos catastros: uno liderado por la Académica Valeska Cabrera de la Universidad de La Serena con el proyecto “Explorando la magnitud de la actividad coral en Chile: Primer catastro nacional de coros”, el cual busca ofrecer una visión comprensiva de la escena coral chilena y su impacto en la sociedad actual. La otra iniciativa es del Observatorio de Políticas Culturales del Ministerio de Cultura de Chile, cuyo objetivo es conocer la situación y necesidades de las agrupaciones corales en Chile.
El futuro del panorama coral nacional se ve auspicioso, pero dependerá en qué medida los diversos actores involucrados logren colaborar y unirse en esta noble cruzada para generar los apoyos políticos necesarios. Hoy se ve casi como una utopía, pero esa utopía sirve para iluminar el camino de los próximos años.
Artículo preparado para Dirigo - Rivista Musicale Dell'andci (Italia, 2025)

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